REFLEXIONES SOBRE EL CIERRE DE HOSPITALES

Después de transcurridas unas cuantas horas del conflicto que terminara en el cierre de hospitales entre ellos el Córdoba donde desarrollamos nuestra trabajo, me pareció importante reflexionar algunas cosas, además siento que es mi obligación como conductor circunstancial de un servicio.

Que el reclamo salarial es más que justo nadie puede dudarlo, que la falta de insumos y presupuesto para la tarea normal de un hospital es totalmente cierto y nadie que conozca un hospital público podrá discutirlo.

Cuándo me retiraba de la asamblea se me acerco el Sr Luna plomero del hospital y me dijo “Dr yo estoy todo el día ente la bosta, Ud cree que puedo ganar esta miseria?” por cierto mi respuesta fue que no, pero aún así yo no estaba de acuerdo con tomar el hospital y cerrarlo prácticamente.

Cual  es la razón  de mi postura?: Voy a usar palabras del Dr Jorge Orgaz de su libro “Profesión y Vida”, al que he recurrido muchas veces en momentos difíciles de la profesión médica, cuándo se refiere a “El Hospital”, dice:

Un día fuimos con nuestra emoción de recién matriculados hasta las puertas del hospital que habría de servirnos de escuela. Fuimos como la otra vez–aquélla inolvidable vez de nuestro primer día de clase– turbados por el amanecer en el espíritu de una vocación sin sombras. Nos detuvimos tímidos y trémulos, confusos y asombrados. Entramos luego, con el testimonio pueril de un Testut bajo el brazo, apretándolo, para sentirnos y defendernos  de mil sensaciones simultáneas y extrañas. El hospital  nos pareció un templo. El templo de la sabiduría y el altruismo donde el amor reza diariamente la misa de la fraternidad y el sacrificio levanta la hostia purísima del desinterés.

El hospital además de su arquitectura tiene su alma definida y propia. Visible en la multitud inacabable de los que se agolpan en los consultorios, urgidos por miseria y dolores; en el gesto de esperanza y desesperanza de los acompañantes de los enfermos; en esa particular expresión de todos. Esa expresión particular y distinta que es exclusiva de los enfermos de hospital. Con la que esperan y ambulan por las galerías, jardines, veredas: uniformados más allá de los trajes, más allá de los hábitos. Uniformados en el alma: colegiales de las primeras letras de la muerte.

Por supuesto que yo sé que un hospital no puede funcionar sin un plomero, electricista, administrativo, etc, pero las palabras del Dr Orgaz de una exquisita sensibilidad para demostrar lo que es un hospital para nosotros los médicos me exime de explicar la diferencia con personas que trabajan noblemente en un hospital como un oficio más y como lo podrían hacer extramuros.

Un simple y demostrativo ejemplo es lo que paso el viernes 6 cuándo un administrativo de la farmacia (muy probablemente buen empleado) y su jefa farmacéutica se negaban a dar insulina a diabéticos que no tuvieran la fecha de retiro del mismo día 6 y hubo que interceder para que les entregaran a aquellos que tenían que retirarla unos días antes y no lo pudieron hacer.

Claro como hago yo para explicarle que nosotros los médicos honestos tenemos un juramento Hipocrático que sigue siendo la máxima invocación ética a pesar del paso de los siglos, quizás y siguiendo a Florencio Escardo, porque en el fondo traduce más que un compromiso,  pone como punto de partida de todo hecho profesional  y antes que nada el beneficio del enfermo, al que debe darse la máxima garantía  moral de que será servido con total seriedad técnica, plena discreción y entera seguridad personal?

Vean que hasta ahora ni mencioné las figuras hoy tan vigentes de la mala praxis y el abandono de persona y porque no lo hago?, porque no nos deberían preocupar tanto si por ej tendríamos los médicos presentes algunas de las cosas que dice el famoso juramento Hipocrático:

“Hacer de la salud y de la vida de vuestro enfermo la primera de vuestras preocupaciones.

“Mantener en la máxima medida de vuestros medios el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica.

“No permitir jamás que entre el deber y el enfermo se interpongan consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, de partido o de clase.

Como hago para explicarle al empleado de la farmacia que él  está interponiendo entre mi deber y el paciente cuestiones de clase, porque estos enfermos no tienen  de donde proveerse del vital medicamento más que del hospital?

Como hago para explicarle al Sr Luna que a pesar de que él este entre la “bosta” y gane muy poco como nosotros yo no pueda ni deba levantar mi mano para cerrar el hospital?

Como hago para enseñarle a gremialistas y delegados o a médicos que creo  nunca han pensado en todas estas cosas y sólo son muy cuidadosos con los juicios de mala praxis?

Como hago para explicarles que algo más que el miserable sueldo me trajo un día a este hospital?

Como hago para explicarle que estoy de acuerdo con ellos en el reclamo y que además  comprendo totalmente que para sus hogares este sueldo tan bajo quizás sea él único sustento?

Es indudable que todo esto tiene un fondo que es la falta presupuesto y priorización de la salud en el momento que hoy vive Argentina de una rápida pérdida del valor adquisitivo de los de por si magros salarios.

Hay un hecho que sin embargo debo rescatar y es que nuestros médicos del servicio hemos coincidido  en todas estas consideraciones  sin un  análisis pretendidamente algo más profundo. Lo mismo pude observar en la asamblea de la Gremial Médica.

Tomar un hospital es sin duda atentar contra los más necesitados. El médico por su formación y vocación nunca puede impedir el acceso a la salud de los enfermos.

Habrá que buscar otras alternativas de lucha como han llevado a cabo médicos en otros países,  por ej. no firmar certificados de defunción o no firmar las altas  de los internados u otros métodos que no conozco.

El médico desde antaño ha sido muy importante referente en el tejido social, como garante de moral, sabiduría,  altruismo y entrega a sus pacientes.

Tomar hospitales es una clara demostración de lo enferma que esta la sociedad.

 

Dr. Jorge Waitman

Jefe del Servicio de Diabetología del Hospital Córdoba

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